| Para el muchacho
cuyo reino es el aire libre de los campos, de la calle, el principal
escenario donde se va a desarrollar su vida alegre lo constituyen el
patio, las canchas de juego, etc.
Más que en otro cualquier ambiente, la
alegría encuentra aquí la forma más sincera y explosiva de expresarse.
En la tradición de Don Bosco la
vida del patio, tal como él lo ha entendido, inculcado y actuado, es un
factor esencial e indispensable para la completa educación de los
jóvenes y es un pilar de su sistema. Arranquemos de la vida de Don Bosco
la animación del patio y nos quedará una figura sin carácter, se hará
un vacío que no se puede llenar. Se viene abajo, sin remedio, una gran
parte de la típica construcción educativa: la labor de contacto con cada
uno de los jóvenes, que es la más necesaria. También en ese punto, la
carta de 1884 es un documento significativo al que es obligado referirse:
"Me fijé y vi que eran pocos los sacerdotes clérigos que estaban
mezclados entre los jóvenes y muchos menos los que tomaban parte en sus
juegos. Los superiores no eran ya el alma de los recreos. La mayor parte
de ellos paseaban, hablando entre st sin preocuparse de lo que hacían los
alumnos. Otros jugaban pero sin pensar para nada en los jóvenes. Otros
vigilaban a la buena, pero sin advertir las faltas que se cometían.
Alguno que otro corregía a los infractores, pero con amenazas y
raramente. Había algún salesiano que deseaba introducirse en un grupo de
jóvenes, pero vi que los muchachos buscaban la forma de alejarse de sus
maestros y responsables. Entonces mi amigo me dijo: -En los primeros
tiempos del Oratorio, ¿usted no estaba siempre en medio de los jóvenes,
especialmente en tiempo de recreo? (MB XVII, 110) Don Bosco, gran educador
y santo, habia penetrado la lógica infantil y sabía de la importancia de
la educación llevada a cabo por medio de la escuela no tanto como
ambiente donde se imparta una enseñanza cuanto como ambiente, sobre todo,
donde el alumno juega. |